¿Cuándo entenderás, pequeño corazón, que no estás hecho para
tales hazañas?
No estás predestinado a un gran amor, de esos que hacen
historia, de esos que crean leyendas, no estás hecho para aguantar los dolores
infligidos por la distancia y la monotonía.
No encontrarás consuelo en manos gráciles por el mero hecho
de luchar, por el mero hecho de sufrir. No serás arropado por labios suaves de
diosas venidas del olimpo. No serás destrozado por gestos falsos e interesados.
No vivirás grandes victorias ni serás recompensado con amor incondicional. Porque
eso está al alcance de demasiados.
No, pequeño corazón.
Tu debes ser incluso más grande que todo eso, tu debes amar las cosas pequeñas.
Y eso…eso sí es complicado.
Amarás susurros, sonrisas y segundos suspendidos en el
tiempo. Amarás por encima de lo tangible, de lo terrenal, de lo humano y lo
inmortal. Serás eterno, sin dejar que el paso del tiempo quiebre tus
convicciones, sin que la noche se lleve tus recuerdos. Amarás cada momento por
lo que te ofrece, no por lo que te ofrecerá y hallarás los más bonitos
recuerdos allá donde no los busques.
¿Quién, pequeño corazón, será entonces capaz de herirte?