miércoles, 4 de diciembre de 2013

Hace falta que te diga....



Era lo correcto, pero no había hecho nada más doloroso jamás. Me separe de ti, dejando que mi alma rozase la tuya hasta que el espacio que quedo entre nosotros fue insalvable, un espacio demasiado grande como para llenarlo con vanas promesas de amor.
Había pasado las horas contando estrellas, soñando con todo lo que podría haber sido, con todo lo que podría haber vivido a tu lado y me encontré frente a un muro. El muro que separa tu egocentrismo, tu vanidad y tu arrogancia de mi pequeño corazón. Un corazón tan manoseado, tan usado, tan devastado que era incapaz de trepar aquella inmensa fortaleza en la que te convertiste con el paso del tiempo.
Eras todo lo que quería, y sin embargo nunca eras suficiente. Me volví adicta a tus miradas de reojo, a tu sonrisa de medio lado y a tus suspiros de exasperación. No concebí una sola noche sin tus susurros a mi espalda, ni los días sin tus manos cerca de mi corazón, ni a esos huecos que se hacian en tu muro interior y que me dejaban ver aquello que tanto anhelaba. Pero nunca serías suficientemente valiente como para caminar de mi mano por la vida, lo suficientemente cabezota como para hacerme ver lo que yo me empeñaba en negar ni lo suficientemente humilde como para darte cuenta de que yo podía escapar con el viento.
Me dejaste ir, me dejé marchar.
Me valoré mas a mi misma que a la dependencia que sentía por ti, me prometí ser decidida, me prometí no volver a caer.

Nada dura eternamente y aquí estoy, ¿hace falta que te diga que me muero por tenerte, que me muero por quererte?
Porque, solo aquello que es capaz de matarte es capaz de hacerte sentir vivo.

lunes, 7 de octubre de 2013

Pequeño Corazón.



¿Cuándo entenderás, pequeño corazón, que no estás hecho para tales hazañas?
No estás predestinado a un gran amor, de esos que hacen historia, de esos que crean leyendas, no estás hecho para aguantar los dolores infligidos por la distancia y la monotonía.
No encontrarás consuelo en manos gráciles por el mero hecho de luchar, por el mero hecho de sufrir. No serás arropado por labios suaves de diosas venidas del olimpo. No serás destrozado por gestos falsos e interesados. No vivirás grandes victorias ni serás recompensado con amor incondicional. Porque eso está al alcance de demasiados.
 No, pequeño corazón. Tu debes ser incluso más grande que todo eso, tu debes amar las cosas pequeñas. Y eso…eso sí es complicado.
Amarás susurros, sonrisas y segundos suspendidos en el tiempo. Amarás por encima de lo tangible, de lo terrenal, de lo humano y lo inmortal. Serás eterno, sin dejar que el paso del tiempo quiebre tus convicciones, sin que la noche se lleve tus recuerdos. Amarás cada momento por lo que te ofrece, no por lo que te ofrecerá y hallarás los más bonitos recuerdos allá donde no los busques.
¿Quién, pequeño corazón, será entonces capaz de herirte?

martes, 30 de abril de 2013

De puntos y rayas.

El sin sabor de las noches en que no puedes dormir, el arrebato de un corazón callado y la intriga de esta hoja en blanco son todos mis motivos hoy. Ese cielo azul que solo existe en tus sueños más profundos, cual lienzo en blanco, y que te deja vivir aquello que desees. Pero la vida no es sueño.

Puede ser un gesto o una palabra y otras veces como esta, el reflejo de mi insomnio plasmado en la pared. En cualquier caso, de repente se produce. Sientes como el incierto momento se torna gris y llama a tu puerta. Es un punto de inflexión, no hay marcha atrás.

A veces los puntos y las rectas del papel se escapan y aparecen en tu vida para llamarte la atención. Sabia es la forma en que aparecen, aunque puede ser odioso el momento en que decides darte cuenta. Y creo que es algo hermoso, aunque a veces duela, la forma en que una cosa tan simple llega a dejar secuelas tan mágicas en la vida de las personas. Mágico el momento en que estamos preparados para percibir que están ahí y que ese sendero o línea es para nosotros, pero también mágico a su manera el punto que lo concluye y nos da la mano en el último momento, para ayudarnos a salir.

El camino es largo y está lleno de rectas, curvas y callejones sin salida. Nos ayudarán estrellas y luceros a elegir bien, y puntos lejanos nos llevarán a horizontes impensables, pero ante todo seremos libres de elegir equivocarnos. Llegaremos malheridos, habiendo sufrido y con marcas en el alma que jamás se borrarán. Pero dará igual porque el punto marcará el final.

 Aunque no solo de inicios y llegadas va el mensaje. Ojalá que los buenos días fueran solo rectas, y en los no tan buenos lloviesen solamente puntos suspensivos. Intentemos escribir un guión que siempre acabe con un punto. Y seguido.

martes, 16 de abril de 2013

Solo quizá.

Y quizá, solo quizá, lo que realmente importe es lo que no se ve. Esos suspiros en los momentos más inesperados, esas miradas aguantadas durante efímeros segundos o esas confidencias que se escapan con la luna. Las palabras se las lleva el viento, sus consecuencias nos acompañan para siempre, ¿y sabes?, tu en una ocasión dijiste que me querías. Pero en este mundo donde todo vale, donde los suspiros huyen y las miradas se pierden, en este mundo en que vivo, lo único que importa es lo tangible, lo racional. Y quizá, solo quizá, sea mucho mejor así, sin dar importancia a aquello que nos mueve por dentro, que nos lleva a lugares inesperados, porque si supiéramos lo que nos impulsa a seguir viviendo, a seguir sintiendo, a seguir amando, quizá, y solo quizá, ya no seria tan importante seguir sintiéndolo y allí, irremediablemente, acabarían nuestros sueños.