El sin sabor de las noches en que no puedes dormir, el arrebato de un corazón callado y la intriga de esta hoja en blanco son todos mis motivos hoy. Ese cielo azul que solo existe en tus sueños más profundos, cual lienzo en blanco, y que te deja vivir aquello que desees. Pero la vida no es sueño.
Puede ser un gesto o una palabra y otras veces como esta, el reflejo de mi insomnio plasmado en la pared. En cualquier caso, de repente se produce. Sientes como el incierto momento se torna gris y llama a tu puerta. Es un punto de inflexión, no hay marcha atrás.
A veces los puntos y las rectas del papel se escapan y aparecen en tu vida para llamarte la atención. Sabia es la forma en que aparecen, aunque puede ser odioso el momento en que decides darte cuenta.
Y creo que es algo hermoso, aunque a veces duela, la forma en que una cosa tan simple llega a dejar secuelas tan mágicas en la vida de las personas. Mágico el momento en que estamos preparados para percibir que están ahí y que ese sendero o línea es para nosotros, pero también mágico a su manera el punto que lo concluye y nos da la mano en el último momento, para ayudarnos a salir.
El camino es largo y está lleno de rectas, curvas y callejones sin salida. Nos ayudarán estrellas y luceros a elegir bien, y puntos lejanos nos llevarán a horizontes impensables, pero ante todo seremos libres de elegir equivocarnos. Llegaremos malheridos, habiendo sufrido y con marcas en el alma que jamás se borrarán. Pero dará igual porque el punto marcará el final.
Aunque no solo de inicios y llegadas va el mensaje. Ojalá que los buenos días fueran solo rectas, y en los no tan buenos lloviesen solamente puntos suspensivos. Intentemos escribir un guión que siempre acabe con un punto. Y seguido.
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