Nos creamos expectativas constantemente. En todos los aspectos de la vida, bien sea ese trabajo que creemos será brillante, esa camiseta que seguro que nos queda estupenda o bien esa persona que esperamos sea la adecuada.
Muy a menudo dejamos de lado cualquier pensamiento racional para abandonarnos a esos pensamientos engañosos. Ésos pensamientos que en la mayoría de los casos solo conllevarán problemas y malas experiencias. Y, es que, cuanto mayores son las expectativas que nos creemos, más grande será la caída cuando éstas no sean cumplidas. Cuanto mayor esperanza, ilusión y confianza pongamos en algo o alguien, más peligro corremos de darnos de bruces contra una realidad que no es ni de lejos como imaginamos.
Pero qué cómodo es dejarse llevar por esos pensamientos tan reconfortantes, que nos hacen ver la vida mas brillante y mas de color de rosa. Nos hacen sentir seguros de nosotros y seguros de ese destino que nos aguarda a la vuelta de la esquina.
Fallo. Un fallo que cometemos demasiado a menudo, a mi parecer.
Debemos dejar de generar expectativas infundadas para dejar que el destino nos lleve a donde nos tenga que llevar. No soy de ninguna manera objetora de una mentalidad mucho más feliz, mucho mas confiada, pero creo que sólo trae problemas.
Ser siempre positivos en cuanto a la gente que nos rodea, en cuanto a la vida en general es útil en determinadas circunstancias, pero no siempre.
Por ello, siempre hay que plantear pros y contras. Una mentalidad de este tipo nos hará ser más felices porque nunca esperaremos nada malo o nada que se escape de nuestros deseos pero por otra parte nos hará caer con más frecuencia. Una mentalidad reservada y poco confiada nos hará plantearnos continuamente qué hacer y en pocas ocasiones veremos cumplidos nuestras esperanzas pero por otra parte nos daremos menos contra ese muro que a veces se planta en nuestro camino porque lo esperaremos allí.
Así que, en ti esta la decisión de crear expectativas o no hacerlo. Tú decides.
Hoy me he dado cuenta de que mis expectativas sobre ti fueron demasiado altas, no se bien porque, pero esperaba mas de ti. Esperaba una actitud diferente, mas dispuesta al dialogo y al juego. Pero me he topado con alguien corriente que no genera más sentimientos en mi, creí ciegamente en que eras especial, pero definitivamente no eres tu a quien andaba buscando. Y sí, esto es un adiós.
miércoles, 14 de marzo de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
Hopeless
Olvidó como vivir. Olvidó como sentir. Olvidó como existir.
Él lo era todo, vivia por y para él. Siempre dispuesta, siempre complaciente. Acabó siendo la sombra de quién fue. Esa mujer independiente, vivaz, apasionada, coqueta y feliz se esfumó el día en que se entregó a él por completo. Dejó de ser ella misma para convertirse en lo que él quería que fuese. Olvidó todo lo vivido, todo lo aprendido, todo lo que la hacia sentirse bien para complacer los deseos de otra persona.
Y cuánto le costó darse cuenta de lo que ocurría. La monotonía consiguió acallar esas voces, que en su interior le repetían constantemente que eso no era amor, era servidumbre. El amor es generoso, el amor es desinteresado y alentador. El amor da razones por las que luchar, no las anula.
Pero no hizo nada por cambiar su situacion. Hacía falta una valentía desmesurada para alejarse de él y comenzar de nuevo, una valentía que hacía tiempo que ella habia perdido para siempre.
Y asi siguó hasta que su corazon no pudo más, no pudo vivir sin sueños, sin ilusiones, sin alegrías.
Decidió entonces que aquel árbol era perfecto, aislado y con pocas hojas, que le recordo enormemente a si misma.
No pensó que aquello fuera el final, sino el principio. Un comienzo en otro lugar, lejos del yugo que aprisionaba su alma. Así pues, cambió de mundo no con pesadumbre, sino con la certeza de volver a ser feliz de nuevo.
Él lo era todo, vivia por y para él. Siempre dispuesta, siempre complaciente. Acabó siendo la sombra de quién fue. Esa mujer independiente, vivaz, apasionada, coqueta y feliz se esfumó el día en que se entregó a él por completo. Dejó de ser ella misma para convertirse en lo que él quería que fuese. Olvidó todo lo vivido, todo lo aprendido, todo lo que la hacia sentirse bien para complacer los deseos de otra persona.
Y cuánto le costó darse cuenta de lo que ocurría. La monotonía consiguió acallar esas voces, que en su interior le repetían constantemente que eso no era amor, era servidumbre. El amor es generoso, el amor es desinteresado y alentador. El amor da razones por las que luchar, no las anula.
Pero no hizo nada por cambiar su situacion. Hacía falta una valentía desmesurada para alejarse de él y comenzar de nuevo, una valentía que hacía tiempo que ella habia perdido para siempre.
Y asi siguó hasta que su corazon no pudo más, no pudo vivir sin sueños, sin ilusiones, sin alegrías.
Decidió entonces que aquel árbol era perfecto, aislado y con pocas hojas, que le recordo enormemente a si misma.
No pensó que aquello fuera el final, sino el principio. Un comienzo en otro lugar, lejos del yugo que aprisionaba su alma. Así pues, cambió de mundo no con pesadumbre, sino con la certeza de volver a ser feliz de nuevo.
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